China lanza el Long March 12A para probar la reutilización vertical

China lanza el Long March 12A para probar su reutilización

En un esfuerzo coordinado por reducir la brecha tecnológica con la industria aeroespacial estadounidense, China ha programado para finales de diciembre de 2025 el vuelo inaugural del Long March 12A. Este nuevo vector, lanzado desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, no es solo un transporte orbital más; representa la apuesta más ambiciosa del sector estatal chino por dominar la tecnología de despegue y aterrizaje vertical (VTVL), pilar fundamental de la reutilización de cohetes.

Especificaciones técnicas del Long March 12A

El Long March 12A es un lanzador de dos etapas con una altura aproximada de 69 metros y un diámetro de 3,8 metros, dimensiones que lo posicionan como un competidor directo en el segmento de carga media. Con una capacidad de transporte de hasta 12 toneladas hacia la órbita baja terrestre (LEO), este cohete utiliza una combinación de queroseno y oxígeno líquido (RP-1/LOX), un sistema de propulsión más eficiente y controlable para maniobras de reentrada y descenso vertical.

El diseño de la primera etapa incorpora patas de aterrizaje y aletas de rejilla (grid fins), similares a las utilizadas por el Falcon 9 de SpaceX. Estas estructuras son críticas para estabilizar el vehículo durante su regreso a través de la atmósfera y permitir un aterrizaje preciso en una plataforma designada, situada a unos 300 kilómetros de distancia del sitio de despegue en el desierto de Gobi.

La misión Demo Flight: Objetivos y desafíos

Esta primera misión tiene un carácter estrictamente experimental. Aunque el cohete transportará una carga simulada para validar su capacidad de inserción orbital, el éxito de la jornada se medirá por el desempeño de la primera etapa tras la separación. Los ingenieros de la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China (CASC) buscan recolectar datos sobre el encendido de retropropulsión y la capacidad de los motores para modular el empuje durante la fase final de aterrizaje.

Lograr un aterrizaje vertical exitoso en el primer intento es un desafío técnico monumental. China ha realizado múltiples pruebas de “salto” (hop tests) con prototipos a baja escala, pero esta es la primera vez que intentará recuperar un booster tras un vuelo orbital real. La validación de esta tecnología es el requisito previo para el despliegue de las futuras megaconstelaciones de satélites de internet de banda ancha, que requerirán una cadencia de lanzamientos que solo la reutilización puede sostener económicamente.

China frente al liderazgo de SpaceX

El contexto internacional sitúa a China en una posición de persecución activa frente a Estados Unidos. Mientras que SpaceX ha normalizado la recuperación de sus boosters, superando los 300 aterrizajes exitosos y reutilizando componentes más de 20 veces, el programa chino apenas está entrando en la fase de pruebas orbitales reutilizables. No obstante, la velocidad de avance de Beijing es notable, impulsada por una combinación de inversión estatal y el surgimiento de empresas privadas como LandSpace y Space Pioneer.

La ventaja de SpaceX radica en la acumulación de datos operativos y la optimización de procesos de reacondicionamiento. China, por su parte, apuesta por un modelo que integra rápidamente las lecciones aprendidas por Occidente con su propia capacidad de producción a gran escala. Si el Long March 12A logra un aterrizaje exitoso, China se consolidaría como la segunda nación en poseer esta capacidad soberana, alterando el equilibrio de costos en el mercado global de lanzamientos.

Hacia una flota totalmente reutilizable en 2026

El éxito de esta misión a finales de 2025 marcaría el inicio de un año 2026 centrado en la operatividad. Se espera que, tras los ajustes derivados de este vuelo de prueba, el Long March 12A comience a volar misiones comerciales regulares, permitiendo a China aumentar su capacidad de carga anual de manera exponencial. La reducción de costos operativos es vital para los planes de Beijing de construir su propia red de conectividad global y avanzar en la exploración lunar tripulada.

La competencia espacial ha entrado en una fase donde la potencia del motor no es el único factor determinante; la capacidad de reciclar la infraestructura es ahora la métrica del éxito. Con el Long March 12A en la rampa de lanzamiento, China demuestra que está dispuesta a asumir los riesgos necesarios para no quedar rezagada en la nueva economía del espacio, donde la reutilización define quién domina la órbita terrestre.